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Colossal: Un planteamiento original con metáforas no tan originales

Si algo caracteriza el cine de Nacho Vigalondo es su originalidad y su capacidad para abordar distintos géneros dándoles una vuelta de tuerca y una perspectiva diferente y sin miedo a esa fina línea que separa la genialidad del ridículo más espantoso. Es una línea delicada, pero Vigalondo se mueve muy cómodo en ella, yendo a muerte con sus ideas y hasta ahora siempre ha caído de pie. Colossal es un nuevo ejemplo.

La premisa de la película es una locura total, como lo son los mejores trabajos del director cántabro. Gloria (Anne Hathaway) es una joven al que su novio abandona debido a sus continuos problemas con el alcohol -el plano que sigue a la conversación que arranca la historia, con ella mirando al infinito mientras sus amigos se encogorzan tras ella es Vigalondo en estado puro-. Tras dejar Nueva York y volverse, sin un duro, a su pueblo, un monstruo ataca Seúl matando a miles. Pronto descubrirá una correlación entre sus acciones y las del monstruo.

Colossal: una metáfora tan efectiva como evidente

Crítica de Colossal: Un planteamiento original con metáforas algo sobadas

Como ya hizo en Extraterreste, Vigalondo convierte la trama de ciencia ficción en una herramienta y en un telón de fondo para desarrollar los problemas íntimos de los personajes. Sin embargo, hay que decir que por original que sea la aproximación, la metáfora “el alcohol crea monstruos” es algo facilona y evidente, haciendo que sea difícil ver la película sin que una vocecita en el fondo del cerebro grite “¡Nacho! ¡Veo lo que estás haciendo!”.

Tampoco se puede negar que la metáfora funciona. Y a pesar del locurón que es vincular las acciones de un monstruo en Seúl a las de una persona en Nueva Inglaterra, el tono de la película, mezclando hábilmente ironía contenida y dramatismo, hace que no se haga muy necesaria una justificación. De hecho, cuando esta llega, parece que lo haga solo por cubrir el expediente y para cerrar la boca al típico listillo que con voz de pito sale de la sala diciendo “pero no explican porqué están vinculados”.

Cerrar sus películas en alto, la asignatura pendiente de Nacho Vigalondo

Lo hizo con Los Cronocrímenes, con Extraterrestre, con Open Windows y ahora con Colossal. Vigalondo no tiene miedo a la hora de arriesgarse con los puntos de partida de sus películas, lo que suele hacer que tengan unos arranques poderosos y que enganchan, divierten e intrigan al espectador. El problema viene cuando, en la segunda mitad de los filmes, tiene que darle un cierre.

En ocasiones parece que los planteamientos de Vigalondo acaban por eclipsar el resto de la película, incapaz de igualar en el desarrollo lo brillante de sus ideas iniciales. Colossal, igual que sus anteriores trabajos, va perdiendo fuerza a medida que avanza el metraje. Esto hace que la sensación final que dejan sus películas sea algo incompleto, si bien es, de sus cintas, la que mejor mantiene el nivel.

Sin embargo, tampoco cabe duda de que Vigalondo tiene muy claro lo que quiere hacer y lo refleja en todo lo que pone su firma. Al final, es cuestión de tiempo que logre una película redonda.

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