Pulsa "Enter" para saltar al contenido

Narcos, mejor sin Pablo

Narcos por fin es Narcos. En su tercera temporada, la serie de Netflix tenía un reto tremendamente complicado por delante: superar la muerte de Pablo Escobar. Tan centradas en el personaje estaban sus primeras temporadas que muchos se sorprendían de que la serie fuera a seguir una vez finalizada su historia. Pero había una razón por la que sus creadores llamaron a su serie Narcos y no Pablo EscobarEl Patrón o algo similar, y era que querían narrar la historia del narcotráfico más allá de su figura más emblemática, una guerra contra las drogas que todavía hoy prosigue.

La interpretación de Wagner Moura de Pablo Escobar es cuanto menos polémica. Por un lado, consigue crear una figura magnética sobre la que recae todo el peso de la narración, carismático e intimidante. Por otra parte, se nota mucho que no es hispanoparlante y que no está hablando su lengua materna aunque lo disimula. Eso le da personalidad y un punto inquietante al personaje, mientras que por otro lado a veces da la sensación de estar viendo un Celebrities de Muchachada Nui. Pablo Escobar era lo mejor y lo peor de Narcos. Su historia, absolutamente increíble, hacía que la narración avanzase como un tiro. Su personalidad te enganchaba, pero su interpretación a veces te echaba de la ficción. Cómo podía superar la serie su desaparición era una ruleta rusa. No son muchas las series que han superado la salida de su protagonista. Narcos es una de ellas

La tercera temporada de Narcos, de menos a más

Crítica de la tercera temporada de Narcos

Pocas series empiezan su tercera temporada teniendo que recolocar a los espectadores en una historia completamente nueva -más allá de aquellas que cada temporada es independiente, claro-. Esta vez Narcos empieza a fuego lento, obligada a introducir el cártel de Cali, mucho menos conocido que el de Medellín y con el poder menos centrado en una sola persona. Esto juega a favor de la serie, que se convierte en mucho más coral, con más personajes y más ricos, también algo más humanos y falibles que Escobar, que hasta bien entrada la segunda temporada parecía un Dios intocable.Esto, unido a que como ya hemos dicho es una historia menos conocido, le permite ser más impredecible.

Un gran acierto es deshacerse del agente americano sosainas de la DEA -de quien nadie recuerda el nombre- para dar el protagonismo al agente Peña, interpretado por un gran Pedro Pascal. El personaje del Pacho Herrera también crece, ofreciendo algunos momentos muy al estilo El precio del poder que en Narcos tienen un aire aspiracional. Los hermanos Rodriguez, con dos personalidades muy distintas, ofrecen un abanico de escenas mucho más variadas que Escobar, mientras que el Jorge Salcedo -interpretado por Matias Varela- se convierte en el primer personaje de la serie que el espectador realmente aprecia y por el que sufre.

Todo este caldo tarda más en cocinarse que la espectacularidad de Pablo Escobar, sin embargo cuando todo está en su punto ofrece una recompensa con muchos más matices, quizá menos intensa, pero más rica y satisfactoria. Sigue teniendo muchos de los defectos de las primeras temporadas -ese toque de “quiero ser El precio del poder o Uno de los nuestros y no puedo“, pero también sus grandes virtudes: que consigue hacerte perdonar sus defectos y que es droga pura.

México nos espera, agente Peña.

Sé el Primero en Comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *