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El legado de Luis Enrique

Dos ligas, una Champions y tres Copas del Rey en tres años es algo que muy pocos entrenadores han logrado y que, analizados en frío, son unos resultados excelentes. Cuando llegó Luis Enrique, lo hizo en un momento en el que el barcelonismo todavía no se había recuperado de la marcha de Guardiola y ya estaba enterrando a Tito Vilanova. Grogi tras un año en las tinieblas del Tata Martino.

Su primera rueda de prensa fue tremendamente ilusionante. Tras un año de Martino -al que vamos a reconocerle las dificultades que se enfrentó al llegar al Camp Nou como un paracaidista-, oír a alguien con energía y las ideas (aparentemente) claras, con fuerza y conocimiento del club era un cambio. Quizá su mejor momento como entrenador del Barça, lejos de la prepotencia y la mala educación que ha mostrado en otras ruedas de prensa en las que parecía un Mourinho de Hacendado.

Luis Enrique, de menos a más, de más a mucho menos

El legado de Luis Enrique

Luis Enrique empezó mal. El equipo trataba de ser más vertical, abandonando en parte el juego posicional que llevó al Barça de Guardiola a ser uno de los mejores equipos de la historia. Futbolistas como Xavi e Iniesta se perdían, Rakitic -que en principio debía encajar bien en este esquema- no se encontraba, los partidos se escapaban, el run-run del Camp Nou crecía, y el Real Madrid de Ancelotti volaba.

Llegó enero, el Barça palmó en Anoeta con un gol en propia de Jordi Alba, un juez imputó a Sandro Rosell -que dimitió-, Bartomeu convocó elecciones y Messi y Luis Enrique se enfadaron. Xavi Hernández intervino y el equipo dio la vuelta como un calcetín.

Diez meses de fútbol extraordinario, dos años de mediocridad

El legado de Luis Enrique

En los siguientes diez meses, desde finales de febrero hasta mediados de diciembre, el Barça de Luis Enrique se convirtió en una trituradora que hacía pedazos lo que se le pusiera por delante. Dio un pequeño paso atrás y, aún siendo más vertical que en años anteriores, volvió a hacerse dueño del balón. PSG, Bayern de Munich, Real Madrid… daba igual lo que le echaras, lo haría pedazos.

Esos diez meses valieron una Champions, una Copa y dos Ligas. Sirvió para remontar al Real Madrid la Liga de 2015, también para sacar suficiente ventaja en la de 2016 como para proclamarte campeón a pesar del bajón que se dio en la segunda parte de la temporada, en la que casi se pierde la Liga.

Champions: a casa en cuartos con el mejor Messi

El Legado de Luis Enrique

En diciembre de 2015 el equipo comenzó a desinflarse, algo que se ha hecho patente este año. A pesar de momentos brillantes -como la remontada al PSG-, la sensación que ha dado era de no tener respuestas a los planteamientos del rival y de impotencia. Buscando de nuevo esa verticalidad que Luis Enrique quiso desde un inicio.

Nada refleja mejor esta decadencia como el hecho que el Barça haya caído en cuartos de Champions dos temporadas seguidas a pesar de tener a Messi en sus filas. Un Messi que está en el mejor momento de su carrera, habiendo añadido a su capacidad goleadora, una magia increíble a la hora de dar pases imposibles y regalar goles a sus compañeros.

Y con esa bestia parda, a casa en cuartos. Y contra dos rivales inferiores. Dos equipos muy trabajados y sólidos, Atlético de Madrid y Juventus, pero a los que el Barça debería haber superado, quizá no de forma cómoda, pero sí clara. En realidad, tiene su mérito.

Un giro hacia ninguna parte

El Legado de Luis Enrique

Da la sensación de que el Barça de Luis Enrique ha jugado mejor cuando ha sido más Barça y menos Luis Enrique. Probablemente sea una sensación injusta, pero es la sensación que queda.

Pero lo que genera más preocupación de la etapa Luis Enrique es una serie de decisiones que pueden tener un efecto a más largo plazo ahora que el asturiano ya se ha marchado y Valverde ha tomado las riendas. No es culpa exclusiva de Luís Enrique, Zubizarreta y Robert la comparten como mínimo a partes iguales. Pero inquieta ver como en los últimos años el Barça ha dejado de fichar futbolistas como Isco o Kroos -Sí, sé que Isco fichó por el Madrid antes de la llegada del asturiano, pero rechazó el fichaje del alemán-, que hubieran sido ideales para seguir con el fútbol de posición que nos hizo grandes.

El fútbol del Barça ha sido muy especialito desde la llegada de Cruyff y no son tantos los futbolistas que encajan con el estilo. Y desde luego los centrocampistas fichados con Lucho no encajan. Rakitic es muy bueno y aporta mucho al juego azulgrana, pero siempre a modo de elemento extraño. De Arda Turan y André Gómes mejor no hablar. La realidad es que el único interior de la plantilla que encaja con el estilo Cruyffista de forma pura es Iniesta, y tiene el modo fósil activado.

Un alejamiento de la idea

El legado de Luis Enrique

El Barça ha brillado por controlar los partidos desde el centro del campo, y hoy le resulta imposible hacerlo con los jugadores que tiene y con un orden táctico que parece más enfocado a llevar el balón a los tres animalillos de arriba que a poner la más mínima pausa. Y las ideas de Luis Enrique han tenido mucho que ver en eso.

Luis Enrique ha iniciado un alejamiento de La Idea. Habrá que ver qué ocurre con Valverde, pero a priori no parece que suponga un regreso a los orígenes, para ver si es una idea suya o algo estructural marcada por el club. Y sobre todo, habrá que dejar que el tiempo decida si es una buena, una mala o una idea terrible.

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