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Juego de Tronos: un final con un doble sabor agridulce

El final de Juego de tronos deja un sabor agridulce tanto por lo que ocurre en la historia como por la idea de lo que podría haber sido bien ejecutado.

Obviamente, spoilers. Y también de El Señor de los Anillos

No hace falta ser un doctor en literatura fantástica para darse cuenta de que GRR Martin adora a JRR Tolkien -si hasta sus nombres artísticos se parecen-. A Tolkien le gustaban los finales agridulces, en el que los héroes vencen pero tienen que pagar un altísimo precio por la victoria -Frodo destruye el anillo, pero queda tan dañado que no puede seguir viviendo en la Tierra Media-. El propio autor de las novelas en las que se basa Juego de Tronos había declarado que este sería el sabor del final de la saga literaria y también de la televisiva.

Y así ha sido. Después de una temporada con altos y excesivos bajos para lo que nos tenía acostumbrados este exitazo de HBO, el capítulo final de Juego de Tronos no decepciona en ese sentido. Ni en ese ni en ninguno, porque es un gran capítulo con unos primeros 20 minutos rodados de forma excepcional y con una segunda mitad que cierra de forma coherente y satisfactoria los arcos de los principales personajes.

De hecho, si se puede criticar algo de este final no es al capítulo en sí, sino al camino con algunos saltos un tanto abruptos en las últimas temporadas. Una vez llegados, sea como sea, al punto en el que comienza el episodio, la forma en el que Juego de tronos cierra su camino es ciertamente impecable.

El final de Juego de tronos, entre Tolkien y Shakespeare

Final de Juego de Tronos

La primera mitad del episodio es visualmente abrumador, desde el paseo de Tyrion comprobando en apocalíptico resultado de la locura de Daenerys hasta su discurso hitleriano, con un demoniaco plano en el que Drogon extiende sus alas detrás de ella. Peter Dinklage siempre ha sido un robaescenas, pero Emilia Clarke -que sin duda tiene en estos últimos episodios sus mejores momentos en la serie- le aguanta el tipo de forma espectacular. Hasta Kit Harrington, el actor más limitado del elenco, está bastante decente.

Quienes se quejaron de que no fuera Jon y fuese Arya quien acabase con el Rey de la Noche tuvieron su recompensa viendo como finalmente finiquitaba a la Reina Loca, que ha resultado ser la jefa final de la serie, en una escena que recuerda a Macbeth o a Hamlet, un puñal a traición empuñado por quien más quieres. Muerta Daenerys, Drogon procede arrasar con el Trono de Hierro, como si culpase a ese asiento y no a Jon de la muerte de su madre. Y así, el objeto de deseo de tantos personajes, la fuente de poder que tanto ha corrompido, se funde entre el fuego de dragón de forma no muy distinta al Anillo Único en las llamas de El monte del destino.

Un tiempo para lobos

Final de Juego de Tronos

Las muertes de los Stark ya se habían convertido casi en un una broma recurrente -incluso Martin dijo que cada vez que le preguntaban cuando saldría el próximo libro mataba a uno-, por lo que sus finales con un punto amargo pero positivo es gratificante.

Se hace difícil pensar que ninguno de ellos acabe siendo plenamente feliz después de lo que les ha pasado, pero todos tienen un final muy redondo a su viaje. Jon en el Muro, donde empezó su viaje (con un plano muy parecido al que abre la serie) tendrá que vivir con el hecho de haber matado a las dos mujeres que ha amado. Arya sigue el camino de Nymeria embarcándose hacia el oeste, donde tendrá que lidiar con su naturaleza vengativa. Navega hacia el Oeste como Frodo. Ninguno de los dos salvadores de Poniente disfrutará de lo salvado. Como Frodo.

Bran y Sansa son posiblemente los personajes que más han sufrido -Bran quedando tullido y viendo como su sueño de ser un guerrero se esfumaba y Sansa… ¿qué no le ha pasado a Sansa?- a lo largo de la serie y finalmente son quienes han logrado el poder. Pocos en la primera temporada hubieran acertado quién serían la Reina en el Norte y el Rey en el Sur, como seguramente pocos acertarían que Trancos acabaría por ser Aragorn hijo de Arathorn, rey de Gondor.

Tantas oportunidades perdidas…

Final de Juego de Tronos

Visto lo bien cerrado que han dejado las tramas de los Stark, el sabor agridulce de este final viene también por qué podría haber sido si a David Benioff y a D.B. Weiss no hubieran tenido estas prisas por terminar la serie. Probablemente sea la primera vez en la historia que una serie que vive un éxito brutal termina no solo dando la sensación de que daba para más, sino que le hubiera venido muy bien un poco más. Dicen las malas lenguas que los dos responsables de la serie tenían prisa para terminar con Juego de tronos para ponerse a escribir la nueva trilogía de Star Wars, a pesar de que HBO les ofreció tres temporadas de diez capítulos y presupuesto ilimitado para terminarlo. Y parece la única explicación lógica a lo que hemos visto en estas dos temporadas.

Tramas aceleradas y cerradas de forma abrupta. Después de ocho temporadas construyendo la amenaza de los Caminantes Blancos, esta termina en la primera batalla en la que los protagonistas se enfrentan de tú a tú con el Rey de la Noche. Las victorias de este personaje siempre han llegado con trampas y emboscadas. Seguramente esta gran amenaza mágica -que se venía construyendo como si fuese el Ragnarok- merecía una victoria en condiciones y que se le dedicase una temporada completa a luchar contra él. Por espectacular que fuese el momento y la batalla de Invernalia, si antes hablábamos de Daenerys como la jefa final de la serie, el Rey de la noche ha resultado ser poco más que un mini-jefe antes de enfrentarte al jefe final de pantalla -Cersei- y luego a la reina loca.

Final de Juego de Tronos

Los Caminantes Blancos es lo primero que se nos presenta tanto en el prólogo de la serie como de los libros y se nos ha dado la tabarra con que viene el invierno. Pues al final el invierno polar ha sido un poco de fresco que con un rebequita se ha pasado bien. La resolución de tanta construcción no solo ha sido un tanto anticlimático, sino que su peso en la historia ha sido realmente mínimo. Una temporada no solo habría hecho la amenaza más real, también hubiera ayudado a evidenciar más las consecuencias de esta lucha y evitando esta sensación de que ha sido una trama inflada y resuelta de forma insustancial.

Una temporada más también habría permitido construir mejor y de forma menos brusca el giro a la locura de Daenerys, haciéndola más gradual, quizá viéndola cometer alguna salvajada no tan exagerada en una batalla anterior antes de quemar una ciudad llena de inocentes. Y sí, hemos visto a Daenerys quemar vivos a algunos enemigos prisioneros, pero de ahí al genocidio se han saltado varios escalones. La infrautilizada profecía de las tres traiciones también podía haber ayudado a explicar su paranoia, pero los guionistas parecen haberla olvidado.

La guardia ha terminado

Final de Juego de Tronos

La escritura pobre de los últimos capítulos hacía que muchos pensasen que estábamos ante un nuevo desastre final al estilo Perdidos, Dexter o Cómo conocía vuestra madre. Y casi parecía que iba a ser así. Un notabilísimo capítulo final ha evitado ese desastre en el último momento -casi como si fuese una meta-eucatástrofe tolkiniana-. De no haber sido por las dos decepcionantes temporadas finales ahora estaríamos de un final excepcional para una de las mejores series de la historia.

Pero no es así. Y da especial rabia porque la dirección general de la historia siempre ha sido buena, pero trampas de guión y una escritura vaga impropias de las primeras temporadas son un gran borrón. Con todo, es muy posible que con el tiempo se pueda asimilar esta decepción y recordar estas temporadas sabiendo que, con un cierre notable, ha valido y mucho la pena. Y es que a pesar de las rutas tortuosas finales, tanto el viaje como el destino de Juego de tronos han sido una gozada.

Una sensación final agridulce. Como le gusta a Martin.

¿Y ahora qué? ¿Puede ser Witcher de Netflix la nueva Juego de tronos?

Bonus track: aquí la crítica que en su día hice del primer episodio de Juego de tronos: Fantasía no apta para Hobbits

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