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La balada de Buster Scruggs: los Coen no se matan por Netflix

Netflix parece decidida a jugar con las grandes en materia de cine y no quedarse únicamente con las series. La balada de Buster Scruggs, dirigida y escrita por los hermanos Coen parecía llamada a ser un pilar central de esa apuesta, y es que pocos nombres tienen más solera para que te tomen como una alternativa real a las pantallas de cine que los maestros del cine siamés. Además, era su regreso al western, un género en el que han brillado en No es país para viejos o Valor de ley. El resultado final, sin embargo, parece dar la sensación de que los dos cineastas han querido guardarse las buenas cartas para los cines.

En un principio el proyecto iba a ser una miniserie de capítulos que contarían historias individuales, unas historias que supuestamente los hermanos habían estado escribiendo durante las últimas dos décadas. La razón por la que finalmente decidió condensarse en una película de algo más de dos horas -y que se hace un tanto larga- se desconoce, pero pesa la sensación de que tal vez no fue la mejor de las ideas.

La balada de Buster Scruggs: irregular y un tanto alargada

La película sufre el mismo problema que padecen casi todas las que recurren a esta estructura episódica, y es que es tremendamente irregular. Cada historia tiene un tono completamente distinto: el primero, que da título a la cinta, es completamente surrealista, mientras que otros, como el protagonizado por Liam Neeson, tiene un humor negro muy sutil. Todos tienen en común una visión irónica -muy coeniana- sobre ese punto inevitablemente aleatorio que tiene la muerte. Quizá el mejor episodio es el quinto, en el que todos los elementos de la película encajan mejor, y que justifica él solito el visionado.

Está claro que Netflix no ha escatimado recursos, fichando a nombres de la talla de Liam Neeson, James Franco o Tom Waits. Es algo que también se puede ver en la calidad de la producción, con una fotografía espectacular y un aspecto visual soberbio. Si alguien parece haber escatimado algo en La balada de Buster Scruggs son los hermanos Coen, con un guion que parecen haber ideado mientras se afeitaban y escrito mientras desayunaban. No es malo, ni mucho menos, pero estamos hablando de los señores de Sangre fácil, Fargo El gran Lebowski. En términos de su filmografía parece una cinta echa únicamente con el fin de coger el cheque e irse a por otro proyecto.

¿Interesan los servicios de streaming a los grandes nombres?

Curiosamente es una sensación muy parecida a la que dejaba Woody Allen en Crisis in six scenes, la miniserie que hizo para Amazon Prime NowEl director neoyorkino fue bastante abierto al comentar no tenía el menor interés ni en los servicios de streaming ni en la televisión, ni en las series, y que ni sabía qué era Amazon antes de encontrarse con el cheque encima de la mesa.

Parece que mientras el público abandona las salas y el dinero corre hacia los servicios de vídeo bajo demanda, los grandes cineastas -al menos aquellos que crecieron y se hicieron grandes en la gran pantalla- quieren que sus películas, al menos las que ellos consideran buenas, se vean en cine y no en la pantalla de televisión, por muchas pulgadas y muchos ‘Ks’ que tengan en su resolución. Y es que, magníficos como son Netflix, Amazon, HBO y compañía, y por buenas que sean las pantallas, el cine tiene algo diferente y más inmersivo y con menos distracciones que en casa. Y los directores lo saben.

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