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Star Trek Discovery: un gran salto de calidad que no tiene sentido

La temporada 2 de Star Trek: Discovery da un enorme salto de calidad, pero sigue sin tener excesivo sentido narrativo.

Cinco series y ocho películas hacen de Star Trek una de las franquicias más icónicas de la historia de la televisión. Hasta tienen su propio emoji, algo que ni Star Wars ni Marvel han logrado. Star Trek: Discovery se antojaba como una serie fundamental para el futuro de la franquicia después de quince años de ausencia televisiva y únicamente con el reboot de JJ Abrams y sus secuelas en la gran pantalla. La mano (y dinero de Netflix) permitía illusionarse, pero la primera temporada de la serie dejó muchas dudas. La segunda ha dado un enorme salto de calidad, con una mejor gestión de los personajes, una trama que engancha y visualmente espectacular y bien dirigida. Pero se ha esforzado tanto en arreglar los problemas de la primera que casi ha logrado que la serie pierda su sentido.

Es imposible analizar la segunda temporada de Discovery sin recordar lo que hizo la primera y, sobre todo, las reacciones que causó, porque estas parecen haber condicionado todo lo que hemos visto este año. Star Trek siempre ha sido una visión naif y optimista del futuro, algo que puede chocar en los tiempos actuales que no invitan a mirar lo que ha de venir con exceso de ilusión.

El piloto parecía prometer una serie compleja, un poco al estilo Juego de tronos y alejado del futurismo alegre que imaginó Rodemberry a finales de los 60. No es algo nuevo para la franquicia: Deep Space Nine ya lo hizo y es de largo lo mejor que ha dado Star Trek. También Enterprise, en su tercera y cuarta temporada, se adaptó a un mundo traumatizado por el 11S, con un resultado notable pero algo irregular y poco pulido. Pero eso no era el problema que tuvo la primera temporada. El problema era (casi) todo lo demás.

40 años de continuidad narrativa tirada por la ventana

Star Trek: DiscoveryEs imposible mantener una narración coherente durante 40 años, saltando de la televisión al cine y volviendo luego a la televisión, pasando por diferentes manos y visiones. Star Trek hizo un trabajo más o menos decente hasta la primera temporada de Discovery. Ambientada 15 años antes que la serie original, básicamente se pasó por el arco del triunfo lo mostrado en casi todas las series anteriores.

Los fans de la serie se quejaron de que era absurdo que la nave Discovery tuviera pantallas táctiles y hologramas cuando la Enterprise solo tendría lucecitas de colores sesenteras. Esta es una queja bastante absurda, es totalmente normal adaptar estéticamente la serie a la actualidad, los medios de hoy no tienen nada que ver con los escenarios de cartonpiedra de la primera serie. De hecho, los klingon ya habían sido rediseñados cuando se saltó al cine, hasta entonces eran humanos con un maquillaje dorado bastante chungo. Quien no sea capaz de entender estos cambios quizá debería dejar de ver ficción. Pero en otros puntos que afectaban directamente a la trama los trekies sí tenían razón: ¿por qué la Discovery tiene tecnología que le permite saltar de un punto a otro del universo de forma instantánea y no hemos visto esa tecnología en series que ocurren 100 años más tarde? ¿O por qué Spock nunca ha hablado de su hermanastra humana?

Star Trek: Discovery

Pero quizá el problema más grave era la protagonista, Michael Burnham. Era un personaje idealizado hasta el absurdo. Más allá del piloto, en el que la lía parda, nunca se equivocaba, siempre tenía razón y siempre acababa salvando el día de forma casi mágica, un poco como el irritante Wesley Crusher de La nueva generación, que de hecho acabó por ser apartado de la serie cuando empezó a ganar calidad en su tercera temporada.

Una Mary Sue de libro que no dejaba crecer a otros personajes que parecían muy interesantes como Saru, Lorca o Phillipa Giourgou. Star Trek siempre han sido historias corales en el que todos los miembros del reparto tenían su momento para brillar, pero en Discovery estaban siempre al servicio de Burnham, y eso era una vía de agua para la serie.

Corrigiendo el curso de forma desesperada

Star Trek: Discovery

Parece que los responsables de Discovery entraron en Reddit y leyeron todas las quejas de los fans y se propusieron arreglarlo en la segunda temporada. El primer paso fue que Burnham diera un paso atrás, y ese tal vez sea la mejor decisión que han tomado los guionistas. Michael Yeoh ha podido desplegar todo su potencial como Phillipa Giourgou, Saru también ha sido el personaje que se intuía que podía ser. Los personajes “nuevos” como Spock o el Capitán Pike (quien originalmente iba a ser el protagonista de la Star Trek original, hasta que la CBS rechazó el primer piloto y se reescribió sustituyéndole por James T. Kirk, aunque su personaje haría una aparición en un capítulo que usaría ese primer piloto a modo de flashback) también han sido magníficas incorporaciones.

Curiosamente, esto ha permitido que el personaje de Michael brille más en los momentos que ha tenido, que los ha tenido y de hecho seguía siendo la piedra angular de la trama, pero al estar más repartidos son menos previsibles, repetitivos y te permitían vibras sin pensar “ya está esta cansalmas otra vez arreglando la galaxia”.
Pero esta misma obsesión por arreglar los problemas de la primera temporada que ha permitido un gran salto de calidad también ha lastrado la temporada, especialmente su resolución. Y es que equilibrar los pesos de los personajes era la parte fácil, pero justificar problemas como el dichoso motor de esporas con tecnología absurdamente superior a series que suceden cronológicamente después es materia mucho más sensible.

Y ahí es donde esta temporada cojea y hace que la misma existencia misma de la serie no tenga excesivo sentido. Y es que tras la resolución del conflicto vemos un epílogo en el que se nos expone de forma bastante burda que tras todo lo acontecido los personajes deciden no contar toda la verdad y la Federación decide prohibir a quienes lo conocen hablar de lo sucedido, de la nave Discovery y de su tripulación bajo pena de ser condenados por traición. Y así, todo cuadra con lo anterior.

El fracaso de Star Trek: Discovery como secuela

Hacer una precuela siempre es algo complicado, los escritores están atados muy de pies y manos por lo que debe ocurrir de pies y manos y es fácil incurrir en ciertas inconsistencias normalmente perdonables -si bien lo visto en la primera temporada de Discovery era difícil de cuadrar-. Pero tiene la gracia de que vas viendo cómo se desarrollan hechos que han sido mencionados antes, o el origen de algunos elementos.

La anterior precuela de la franquicia, Star Trek Enterprise, con todo lo irregular que era, hizo un buen trabajo en este sentido. La tripulación capitaneada por el capitán Archer hacía frente a dilemas que en el futuro llevarían a la implementación de la Primera Directiva, y se entiende que una serie de hechos terminara con la fundación de la Federación.

Sin embargo, la forma de la que se ha encajado el puzle hace que Discovery no cumpla este objetivo. La serie podía haber ocurrido 100 o 200 años tras el final de Star Trek: Némesis -cronológicamente lo último que hemos visto de este universo- y no pasaba nada. Ni desarrolla nada ni hace avanzar la historia. Es narrativamente irrelevante. Como precuela, Star Trek: Discovery es un fracaso.

El final de esta temporada podía haber sido perfectamente el final de la serie, y es posible que los guionistas contemplasen esta posibilidad, aunque ya hay una tercera temporada confirmada. Habrá que ver qué rumbo toma Star Trek Discovery en el futuro, que posibilidades y potencial no le falta, porque en este momento la serie no tiene mucho sentido más allá del entretenimiento. Que no es poca cosa.

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