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Star Trek Discovery: pinchazo tras un arranque espectacular

Doce años habían pasado sin un nuevo episodio de Star Trek en televisión. La serie original -rompedora en muchísimos aspectos a finales de los 60no fue la mejor obra de ficción que ha dado la pequeña pantalla, combinando algunos capítulos que incluso hoy resultan soberbios con otros que ya entonces daban vergüencica ajena. Las cinco películas que se rodaron tras el enorme éxito de Star Wars tampoco eran gran cosa. Sin embargo, La nueva generación lo cambió todo, especialmente a partir de su tercera temporada -curiosamente, ya tras la muerte del creador de la saga, Gene Roddenberry-. Star Trek se estableció como un relato de excepcional ciencia ficción, algo que se cimentó con los spin off posteriores, Deep Space Nine y Voyager y a pesar del pinchazo que fue Enterprise. Por eso la enorme expectación en torno a Discovery.

Una saga mítica, sinónimo de buena televisión, con el músculo financiero de Netflix y con Bryan Fuller -responsable de Pushing Dasies y Hannibal- detrás de la cámara. Nada podía salir mal. El primer episodio apoyó esa sensación. Todo apuntaba a que nos disponíamos a ver una serie de ciencia ficción adulta, con paralelismos con la realidad, gracias a esos discursos populistas y nacionalistas que se oían entre los Klingon y que tanto recordaba a los de Trump. ¿Estaríamos ante una nueva Battlestar Galactica? Por desgracia, tras el primer tramo de temporada, la serie no ha estado a la altura de lo que prometió. Si bien en su defensa hay que decir que ni La Nueva Generación ni Deep Space 9 tuvieron las mejores primeras temporada de la historia, y son posiblemente los mejores productos de la franquicia.

Star Trek Discovery se debía haber llamado Star Trek: Michael Burnham

Si por algo se ha caracterizado la saga Star Trek es por ser un relato coral. Ni Kirk, ni Spock, ni Picard, ni Data, ni Sisko, ni Janeway eran los protagonistas de sus series. Cuando empezabas un capítulo de Star Trek nunca sabías qué personaje iba a ser el héroe del capítulo. Todos los personajes eran héroes y humanos, capaces de cometer fallos, excepto quizá el insoportable Wesley Crusher, que los guionistas bien hicieron de borrar de un plumazo en la tercera temporada de La Nueva Generación. Eso no ocurre en Discovery, que hasta ahora viene a ser poco más o menos que el Testamento de la Asombrosa Vida de la Nueva Mesías Michael Burnham. El resto de personajes solo están allí o para entorpecerla con sus tonterías o para asombrarse de sus hazañas. Siempre tiene razón, siempre tiene la respuesta a todo, da igual que sea un problema de física teórica o la necesidad de infiltrarse en territorio enemigo cual James Bond. Es una heroína para todo que avergonzaría a Jack Bauer.

Y es una pena, porque la idea de un protagonista estigmatizado por protagonizar un motín y comenzar una guerra era algo muy atractivo en una sociedad tan idealista como la Federación de Star Trek -de hecho el personaje de Tom Paris en Voyager tenía rasgos similares y funcionó muy bien-, pero la ejecución tiene algo de burdo que lo echa todo por la borda.

Para más inri, hay secundarios que parecen tremendamente desaprovechados, como el Teniente Saru, al que se le adivinan fundamentos para ser el Spock o el Data de esta serie, pero al que de momento han limitado al papel de semi-antagonista de Burnham dentro de la tripulación. También el capitán Lorca, que parecía tan misterioso y tan oscuro en comparación con los anteriores capitanes parece haberse desdibujado un tanto a medida que avanzaba la serie.

Esa inseguible trama Klingon

Star Trek Discovery: pinchazo tras un arranque espectacular

Casas peleándose por el poder del Imperio Klingon. La Guerra Civil Klingon dio uno de los mejores arcos a La Nueva Generación. Parecía que Discovery se iba a vestir de Juego de Tronos para profundizar en su sociedad a la vez que exploraba los orígenes del conflicto entre la Federación y la más conocida raza de la saga. Sin embargo, una serie de decisiones desafortunadas han hecho que esta trama implosione.

Básicamente, hay dos puntos que hacen que sea difícil de seguir. La primera, es que los responsables se vinieron muy arriba viendo las escenas en dothraki de Juego de tronos y quisieron emularles rodando esta trama en klingon. Esto, como demostró la serie de la HBO no debería ser un problema, de no ser por la segunda decisión: ese horroroso rediseño de los alienígenas.

Es posible que el aspecto de los klingon -con ese característico culo en la frente- haya quedado algo desfasado, pero hay que reconocer que tenía mucha personalidad, al menos muchísima más que el nuevo aspecto de alienígena genérico. Y además tenía otra virtud: facilitaba y mucho distinguir las caras. En Discovery, distinguir un klingon de otro más allá del albino y de la hembra, es tremendamente difícil. Súmale a eso que hay que estar pendiente de subtítulos y resulta en una trama imposible de seguir.

El conflicto entre lo que ha sido Star Trek y lo que quiere ser Discovery

Discovery parecía dispuesta a romper moldes con todo lo que entendíamos sobre la saga. Si Star Trek era una serie sobre exploradores, sobre todo lo que podía ser capaz de alcanzar la humanidad si trabajaba en equipo, aquí nos metía de pleno en una guerra que no se va a ganar sin romper más de un huevo.

Star Trek es el ejemplo más evidente de la ciencia ficción optimista. No es de extrañar que naciera junto a la llegada al hombre en la luna y que durase poco a medida que la Guerra de Vietnam iba oscureciendo la sociedad americana. Renació en los ochenta, subida en la ola de las reagonomics y vivió su mejor momento en la bonanza de los 90, para volver a ser cancelada tres años después del 11 de septiembre.

No se puede decir que la de 2017 sea la más optimista de las sociedades, con esa sensación permanente de que vivimos al borde del abismo. Ese discurso positivista y un punto naif de Star Trek no parecía que pudiera encajar muy bien con una audiencia que disfruta de series llenas de traiciones y decapitaciones. Discovery da un giro hacia un tono más oscuro, aunque no tan valientemente como Battlestar Galactica, quedándose un poco a medio camino.

Pero el conflicto entre lo que ha sido y lo que quiere -o puede- ser no se limita únicamente al tono, también a la estructura de la trama. Las series de Trek siempre han sido principalmente autoconclusivas, con capítulos dobles o arcos de varios episodios, o con grandes tramas espolvoreadas a lo largo de una temporada. Sin embargo, el arranque de Discovery parece más el de una serie dispuesta a contarnos un culebrón, para frenaren seco en el segundo episodio, ya autoconclusivo, y avanzar a trompicones a partir de ahí. Encontrar un buen equilibrio entre lo autoconclusivo y la historia continuada es muy posible -por ejemplo Fringe- pero por ahora Discovery está extremadamente lejos de ello. Y realmente parece que le sentaría muy bien abandonar el formato de la aventurita de la semana y centrarse en la gran historia que parece querer contar.

¿Y a partir de ahora qué?

Star Trek Discovery: pinchazo tras un arranque espectacular

En el final de mitad de temporada, Discovery dio un aparente giro de 180 grados. Por un lado parece que la guerra con los Klingon ha terminado y por otro la nave parece haber dado un salto a un lugar –o momento- desconocido. No sabemos dónde o cuando es… podría encontrarse en el universo espejo o en cualquier momento y lugar del multiverso. Si por algo es conocida Star Trek es por su capacidad de adaptar cualquier escenario de ciencia ficción.

La pregunta, más que dónde están, es cuando van a volver al universo “normal”, o si van a volver. Teniendo en cuenta que la Discovery y la tecnología que nos muestra no aparece ni se menciona en ninguna de las otras series, no sería demasiado raro que la nave desapareciese para siempre. ¿Veremos a la nave danzar de universo en universo tratando de volver a casa? Parece poco posible ya que la serie se reduciría a un remake cuántico de Voyager, y si quieren centrar la serie en esa trama lo podían haber hecho desde el piloto en vez de gastar media temporada en una introducción larga para que al final la trama Klingon no lleve a ningún lado.

¿Quizá nos ha lanzado al futuro y a partir de ahora seguiremos la trama donde lo dejaron Voyager y Deep Space Nine y sabremos qué ha sido de la Vía Láctea tras la guerra con El Dominio? Quizá sea la opción más interesante –y no porque nos abra la puerta a poder volver a ver a Patrick Stewart como el ¿almirante? Jean Luc-Picard-, pero no podemos olvidar que lo más probable es que veamos un arco de varios capítulos tras el cual volvamos a casa, algo que posiblemente sea decepcionante.

En todo caso Star Trek: Discovery necesita con urgencia replantear la infalibilidad de la protagonista y dar más peso a algunos de sus secundarios –especialmente a Saru- para volver a esa narrativa coral que siempre ha caracterizado y hecho grande a la saga. Aunque huir de la trama Klingon tan prometedora al principio como decepcionante después no le haría ningún mal.

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