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Por qué no merece la pena ver Perdidos a estas alturas de curso

Netflix pone a un golpe de mando a distancia centenares de series a nuestra disposición, más de las que cualquier ser humano pueda llegar a ver. Entre toda esta oferta se encuentra Perdidos, la serie que nos enseñó a sospechar sobre como van a cerrar una trama cuando la empiezan a liar demasiado.

La serie que a muchos nos impide disfrutar a fondo de otras cuando empezamos a ver determinados ticks en el guión –como ocurre con Westworld-. Para mi sorpresa, en las últimas semanas me he encontrado a un par de personas que me han preguntado ¿veo Perdidos?

Tras una ojiplática mirada (¿En qué planeta estarían hace diez años?) Mi respuesta fue bastante contundente: No, ¿para qué? A estas alturas es difícil no saber que el final de Perdidos fue un pufo y que buena parte de las incógnitas que plantea la serie no tienen respuesta satisfactoria. Y eso es un problema importante para disfrutarla.

Mucha pregunta para saber que no hay respuesta

Por qué no merece la pena ver Perdidos a estas alturas de curso

Y lo es porque buena parte del gancho es precisamente la curiosidad que se despierta en el espectador por todas las cosas extrañas que hay en la Isla. Es cierto que hay una serie de personajes muy buenos como Sawyer, Sayid o Desmond, pero tras ver la primera parte del piloto lo que nos motivó a muchos para poner el siguiente episodio fue saber qué era ese monstruo o la grabación con los números -¡los putos números!-. Luego vendrían los otros, la escotilla…

Se me hace complicado pensar que hubiera disfrutado de Perdidos como lo hice (hasta que la cosa empezó a oler a roquefort en la penúltima temporada) de haber sabido que la resolución sería la que fue.

Vivir Perdidos era mucho más que ver la serie

Por qué no merece la pena ver Perdidos a estas alturas de curso

Además, buena parte de la experiencia Perdidos no era únicamente ver la serie, era comentarla con los demás. Como ahora con Juego de Tronos, comentar la jugada tras cada episodio y plantear teorías era un ritual tan disfrutable o más que los capítulos. De hecho, al tener un guión mucho más loco (por no decir que sin sentido), esta parte de Perdidos era mucho más importante y divertida que con Juego de Tronos, disparaba las expectativas y las ganas por ver el próximo episodio.

Perderte esta parte social es casi perderte el 50% de la serie. Eso, unido a que una parte importante de las incógnitas con las que la serie te engancha tienen dudosa respuesta hace que sea difícil recomendar la serie siete años después de su final. Sí, tiene algunos personajes muy carismáticos y magnéticos, con historias personales y evoluciones muy interesantes ¿pero lo suficiente como para invertir el tiempo necesario para ver los 121 episodios de la serie? Probablemente no.

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